Aca estoy. Sentada, como tantas veces, ante la pagina en blanco, sin saber como empezar ni como seguir, ni que decir. Sin saber ni siquiera si hay en verdad algo para decir, algo que pueda sacar un poco las telarañas en este olvidado espacio.
Y si, ese es el punto, precisamente. Vengo a decir que no se qué decir. Pero con seguridad, al fin: hay algo para decir. Un "notelodigoo" dado vuelta (varias veces), mareado y seguramente incompleto. Hay que rearmarlo todo lo que se pueda, antes de que huya, como siempre, a las profundidades de mi garganta.
Internet no parece el lugar idóneo para volcar este tipo de cosas. Me inhibe un poco pensar que algun visitante inoportuno puede llegar a ser testigo de este desatracon de palabras, sin sentido para él pero tan íntimo para mí. Pero me han recalcado que no hay lugar alguno que me resulte idóneo para evocar las palabras que me trago (si las empiezo a decir las callo, si las empiezo a pensar sacudo la cabeza y hablo fuerte, si llego a intentar escribirlas las escondo), asi que, al fin y al cabo, internet es tan bullicioso que puede resultar útil para ocultar los pocos sonidos que tal vez logre emitir.
La idea base se trata de una lámpara, la de Aladino. Yo la froto esperando que salga un Genio, porque tiene que haber un Genio. Tiene que estar ahí escondido, en algún rinconcito oscuro, esperando para salir. ¿Y si no lo hubiera? Mi lámpara no sería más que un pedazo de lata, al que me esmero por sacarle algún brillo. Si no hubiera Genio, ni siquiera el brillo de mi lámpara sería auténtico: no sería màs que el reflejo de alguna otra luz, de algún otro Genio que alumbra por aquí cerca.
Y ya lo sé: gran ambición la mía, esperando a un Genio cuando se que no todas las lámparas contienen uno. Pero de todas formas, no puedo evitar sentir una ansiedad parecida a la que me agarra en Navidad, cuando todos abren sus regalos mientras yo aún no encuentro el mío.
Mi Genio es, probablemente, el intenso reflejo de todos los otros Genios que me rodean. Un reflejo que enceguece y calienta, pero que no puede encender mi propia lámpara. Mi lámpara no puede ser especial, ni siquiera rodeada de lámparas especiales: estas no hacen más que evidenciar mi falta de luz propia.
Pero tiene que haber algún genio. Me ha parecido ver a veces algún destello, algún murmullo de algo que se esconde. Quizás sea tímido, o quizás sea definitivamente mediocre. No importa: quiero saber que existe.
Esto que dije se refuta a sí mismo, en una manera que no puedo controlar.
No se quién fue que dijo que la vida es una calesita. Yo nunca pude agarrar la argolla dorada, pero todavía no me bajo =)
Hasta la vista, beibi.
lunes, 26 de enero de 2009
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2 comentarios:
Me dieron ganas d subirme a una calesita.
Yo una vez saqué la argolla!!y me gané otra vuelta gratis =) Pauli
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