Ahora que estás a punto de marcharte, me pregunto acerca de ese lunar en el centro de tu espalda. Su forma está presente en la memoria, y hablo de ello como de un resquicio condicionante en el juego erótico.
No. No es preciso que vuelvas a desnudarte. No hay mejor película que aquella hecha de retazos en la tela de una noche.
Es preferible no volver a comprobar el tamaño de ese círculo perfecto en la superficie de tu piel.
Confía en mí. No vuelvas tus ojos a la espalda dibujada en la luna del espejo. Quiero ser el primero que lo dice: la forma de ese lunar en el centro de tu espalda, tiene el tamaño proporcional del placer que te brinda la lengua cuando lo roza.
By Patricio Torne
viernes, 24 de agosto de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Grande, Pato.
Publicar un comentario